jueves, 18 de febrero de 2021

Twitter: El conversor a mala personas

Nadie duda que desde la llegada de internet todos, menos los eremitas, estamos marcados por este hecho. Nuestro día a día tanto social, laboral y de ocio está ahí en gran parte. Dentro de la amplia oferta que nos ofrece internet, la estrella - desde hace algunos años - son las redes sociales, aunque visto el cariz que están tomando sería más idóneo llamarlas antisociales. Lo que podría ser una herramienta magnífica para poner en contacto a personas de todo el mundo, para divulgar contenido interesante o para debatir con personas con distintos puntos de vista, se está alejando cada vez más de eso y convirtiéndose en una panda de cuñados y ególatras que acuden a la red para hablar de su libro, exclusivamente. Ni quieren escucha ni le importa lo que los demás puedan aportar.

Un mal de hoy en día, en esta sociedad cada vez más polarizada, es que un porcentaje muy significativo de la población sólo busca reafirmarse en su verdad. Les da igual que ésta sea errónea o pueda tener matices. Este mal lo vemos fuera de las redes sociales, pero es en ellas donde más potencia alcanza, incluso de donde salen más reforzadas algunas teorías. Callar cuando hay un evidencia que va contra mi pensamiento y salir enfurecido y de manera machacona cuando hay algo que puede reafirma mi postura. Triste manera d actuar. Apena ver a familiares y amigos como incluso cambian su discurso dependiendo de si hablan en una reunión familiar o en Twitter. En este último caso suelen ser mucho más intolerantes. Especialmente esta red está creando personajes individualistas, analfabetos y radicales. Actualmente es un estercolero donde está lo peor de la sociedad. En su mayoría, son personas acomplejadas, en un buen número y con muy mala leche en otros, que sólo saben vender desastres y destilar odio, mucho odio. Sus fobias quedan bastante claras. Mi humilde consejo, alejaos siempre de las personas tóxicas, especialmente en vuestra vida real.

¿Por qué digo individualistas? Porque sólo piensan en ellos. Si se toma una medida, la evalúan según les vaya a ir a ellos, ni se les ocurre pensar en evaluarla según le vaya a ir a la sociedad en la que viven. Con la triste paradoja que sin sociedad ninguno estaríamos en este mundo ni 10 segundos. De hecho, ni vendríamos al mismo. El ser humano necesita de la sociedad y su bien será el de ésta. De nada sirve que tú estés muy bien y la sociedad que te rodea sea un horror, porque al final tú serás un horror igualmente. ¿Por que digo analfabetos? Porque nadie sabe de todo, es más, en el mejor de los casos sabemos sólo de un tema, en el que nos hayamos formado más específicamente o trabajemos. Sin embargo, llegas a Twitter y ves a personas sentando cátedra de absolutamente todos los temas, incluso de temas tan complejos como la Ciencia o la Medicina. Ejercen de catedráticos en materias de la que son unos perfectos indoctos. La mayoría no dan ni nombre ni ponen su cara, obviamente. Sólo están ahí por el ruido. Muchos de ellos no saben escribir ni leer en el lenguaje de la Ciencia, pero el problema es que tampoco quieren aprender o intentar comprenderlo. Es decir, se montan su historia mental de un asunto extremadamente complejo y están aterrados que alguien les pueda sacar de su error con datos objetivos. La persona más analfabeta no es la que no sabe leer ni escribir, es la que no quiere ni aprender a hacerlo. Si encima desprestigia o intenta ridiculizar al que sí sabe, entonces ya estamos hablando de otra cosa, de una mala persona.

Este ultimo año ha sido muy duro para todos, es algo fácil de entender. Nos han cambiado radicalmente un modo de vida instalado durante décadas. El individualista se cree que sólo ha cambiado el mundo para él, que a los demás nos gustan estas medidas restrictivas. Clama que quiere vivir como si fuera un grito en el desierto. Eso es lo que queremos todos, por eso hay que informarse y hacer el esfuerzo de enterarse de cómo es la mejor forma de vivir. Andando por ahí suelto un bicho invisible cuyo objetivo es matarnos, hay que tomar medidas. Esto se lo explicas a niños de 5 años y lo entiende perfectamente, asombra que adultos no lo entiendan... o no lo quieran entender. Cómo dice el magnífico anuncio de la Junta de Andalucía: "La realidad del Covid no sólo es molesta, es una verdad muy incómoda, pero es hora de mirarla de frente" para concluir con el mensaje "abre los ojos, cumple tu parte".

Siempre defendí que en Twitter había de todo. Gente canalla e individualista que lanza mensajes muy peligrosos y gente maravillosa que divulga y de la cual yo personalmente he aprendido en cada tuit que han escrito. Creía que si sabías elegir el timeline correcto, podías convertir Twitter en una herramienta maravillosa. Este último año esa teoría mía se ha ido al traste. Estaba equivocado o no he sabido elegir el timeline adecuado. Ahora el porcentaje de sociópatas es casi absoluto. Vengo observando como de un tiempo a esta parte estas cuentas que aportan están optando por irse, mientras de los odiadores profesionales, vendehúmos, fakes y divulgadores de bulos no se va ni uno. Es abrumador el número de personas que lo único que buscan es reafirmarse constantemente en su verdad, aunque sea de manera impostada o falaz. Recurren a bulos a sabiendas que son bulos, sólo para ratificar sus erróneos argumentos. Brutal. Me encanta el debate y si estoy convencido de algo, lo defiendo con vehemencia, lo reconozco, pero el debate debe partir de una premisa suprema: si la otra persona te demuestra que estás en lo equivocado, hay que saber asumirlo y rectificar. De nada sirve mantener una idea falsa o errónea a sabiendas de que lo es, sólo por el complejo de no querer cambiar el esquema mental o asumir la realidad. 

Muchos en su vida real están acostumbrados a rodearse sólo de gente con su mismo perfil ideológico, eso les ayuda a creer que el mundo es así, como ellos lo ven. Se sienten seguros en su tribu, es algo antropológico y sociológico. Pero el mundo es plural y errará quien no quiera verlo. En este año hemos observado como no son capaces de captar la excepcionalidad de lo que nos está ocurriendo y siguen su vereda, la que tenían antes de 2020, buscando respuestas en los mismos tics y prejuicios ideológicos. ¡Cómo si la ciencia entendiera de hoces y martillos, charranes o rosas rojas! No es así, ojalá fuera tan fácil. Por desgracia (o de manera maravillosa) la Ciencia y la Medicina son mundos mucho más laberínticos e imposible de simplificar en una única solución. Pero a los ignorantes les da igual, porque como decíamos antes, no saben leer ni escribir en el lenguaje científico, pero lo triste es que tampoco hacen el esfuerzo por intentar aprender o entender. Oyen hablar a los expertos y los menosprecian, simplemente porque lo que dicen no les sirve para reafirmarse en su verdad. Que en este caso concreto es su mentira o su error. Sólo escuchan al que les va a decir lo que ellos quieren escuchar.

Cuando está cayendo una granizada a nadie se le ocurre decir ¡Hay que vivir, saquemos la cofradía a la calle! Los problemas y las adversidades vienen cuando vienen y hay que afrontarlos como se tienen que afrontar. Nuestra rutina continuamente se ve rota por hechos que no esperamos, aunque no sean tan llamativos y evidentes como esta pandemia. Es tanta la adicción que algunos tienen a su rutina, que les da igual ponerse en peligro ellos, a los que tienen cerca o al resto de la sociedad. Continuamente buscan en las redes sociales reafirmarse en su vida rutinaria, aunque lo que hay detrás son tremendas frustraciones personales, por desgracia. O intereses de algún tipo, por eso lo de ocultar su verdadera identidad. 

Hace pocos días decidí cerrar mi cuenta personal de Twitter. Es duro ver como amigos y familiares muestran ahí una cara distinta a la que muestran en la vida real. La cuenta del blog la mantendré abierta, de momento. En ella sólo pongo tuits programados y contesto cuando me llega alguna mención, por lo que se puede decir que no entro en Twitter. Ojos que no ven... De personas que no conozco personalmente me da igual cómo sean o qué digan, más allá del daño que hacen con sus mensajes, pero de los que son amigos de verdad o familia duele ver esa conversión en malas personas, cuando en la realidad no lo son (o no lo eran). Cuando se les recrimina, te dicen "¡Bah! Twitter es eso. Decir barbaridades y ojana pura". Si Twitter es ser falso o lanzar mensajes diferentes a lo se piensa en realidad, conmigo que no cuenten, porque además a la larga ese intento de fingir un personaje en la vida virtual, les está afectando a su salud mental en la vida real. 



domingo, 31 de enero de 2021

Los enemigos de la Semana Santa

Estamos acostumbrados a que una vez pasaba la Navidad la información cofrade va en aumento. Eso tenía lógica hasta el año pasado, porque la Semana Santa se acercaba. Este año no tendremos Semana Santa, sin embargo parece que esa rutina de generar noticias en este periodo sí se ha mantenido. En vez de hablar de cambiar de itinerarios o convivencias de diputados mayores de gobierno para arreglar la jornada, hablamos de exposiciones, altares de insignias e informaciones adyacentes, como la del mural del Hospital Virgen Macarena.

Hace unos días la organización Sevilla Laica emitió un comunicado, desafortunado desde mi punto de vista, donde denunciaba el mural en el que siete artistas han representado diversos perfiles de la Esperanza Macarena. Como tantas organizaciones y partidos de este tipo fallan en algo tan sensible y difícil de evaluar como son los matices. En 2021 una representación pictórica de la Macarena no rompe ninguna acofensionalidad, puesto que se trata de un símbolo de la ciudad, que para algunas personas, en el ejercicio de su libertad de conciencia, será una representación de la Virgen, pero para otros muchos es simplemente un icono más del territorio donde habitan. Lo que se ha hecho en el hospital es una mera expresión artística, no un oratorio.  

Nos estamos acostumbrando a que las voces que más se escuchen sean siempre las de los extremos, con el peligro que eso conlleva. Porque si el comunicado de esta entidad era de un extremo, parece que a los que más se han escuchado en su contra son del otro extremo. Personas que prácticamente piden un estado teocrático y que se llenen de crucifijos los edificios públicos. Se ha llegado hasta a amenazar de muerte a los que simplemente han expresado una opinión. ¿Estamos locos o qué? En medio de todo esto estamos una inmensa mayoría de ciudadanos que empezamos a estar asqueados de que cualquier tema, por nimio que sea, sea convertido en una cruzada tantos por unos como por otros. 

A Sevilla Laica le han contestando famosos columnistas, editoriales populistas y periodistas que habitualmente lo que buscan es decir lo que diga la mayoría para obtener el aplauso fácil. Y la jauría de las redes sociales, claro, esa que no falte nunca. Contra una organización muy pequeña e indefensa han sido muy valientes. Delante del débil alzan la voz y sacan el pecho, cual coraza de 'Armao', saben que no corren riesgo, de ese cachorrillo que es Sevilla Laica no pueden recibir ningún tortazo. Sin embargo, da la casualidad que estos días hemos vuelto a tener noticias de Palacio. A través del medio preferido de la archidiócesis, el Twitter, emitía un comunicado donde se atacaba directamente a las cofradías. El resumen era que las hermandades molestamos. ¡Ni altar de insignias se puede poner, oiga! 

A pesar de esta evidente injerencia en el mundo cofrade, los mismos columnistas, editoriales, periodistas y twitteros, que hablábamos antes, han metido el pechito para dentro y han bajado la voz a los niveles del botón "mute" de tu televisor. Se han empequeñecido ante el lobo feroz de la Plaza Virgen de los Reyes. Ahí sumisión, rodilla en tierra y beso en la mano, aunque la respuesta de éste sea continuamente la patada en la cara. La semana pasada hablamos de la etiqueta #LaCruzPrevalece. Me pregunto, ¿Ya no prevalece una Cruz de Guía o Alzada, por ejemplo? Estoy convencido de que si esta injerencia hubiera venido de la Plaza Nueva en vez de Palacio, la reacción habría sido muy diferente. Mal vamos si permitimos que conviertan a nuestras hermandades en marionetas del que mira sólo por sus intereses y no por el nuestro. "Los dos enemigos natos de la Semana Santa sevillana son el cardenal y el gobernador, el representante de la Iglesia y del Estado". Recuerden. 


*pdta Aviso para navegantes, como ya nos empezamos a conocer todos, advierto una cosa por si alguien no se ha dado cuenta. Los términos cachorrillo, lobo feroz y patada en la cara son metáforas. 

domingo, 24 de enero de 2021

Community managers y política

Esta semana hemos tenido una de esas campañas asquerosas que el 'trumpismo' - representado en su sucursal de España bajo las siglas de VOX - ha orquestado en redes sociales. Me refiero a la famosa retirada de la cruz franquista (que no católica) de Aguilar de la Frontera. Una decisión tomada por un consistorio democrático y en cumplimiento de dos leyes plenamente democráticas, como son la "Ley 52/2007, de 26 de diciembre" a nivel estatal y la "Ley 2/2017, de 28 de marzo" a nivel autonómico. Estas leyes protegen la memoria histórica de lo que fue el hecho más negro de este país en el siglo XX, los tres años que duró el golpe de estado militar y su consecuencia, la dictadura nacionalcatolicista de 40 años. Si esa cruz hubiera tenido en algún momento un valor religioso, podría entender algunas reacciones, pero la realidad es que esa cruz no fue hecha como símbolo de fraternidad y amor, sino más bien todo lo contrario, fue puesta ahí para humillar al derrotado. Encima, no tiene ningún valor artístico y afecta al templo carmelita que está al lado, que sí tiene valor religioso y artístico. Por eso digo, y repito, que la campaña es asquerosa. Por cierto, en su lugar, el mismo Ayuntamiento democrático propuso hace tiempo un símbolo religioso y con valía histórico-artística, como es un busto de Rodrigo de Varo y Antequera, fundador del convento carmelita de las Descalzas. Una manera extraña de ir contra todo lo católico, que es la teoría histriónica que defienden algunos. 

En este humilde rincón cibernético tenemos por costumbre hablar de los temas que atañen al mundo cofrade hispalense o en su defecto a aspectos de la ciudad de Sevilla. ¿Por qué hablo entonces hoy de esta campaña de marketing del partido ultraderechista VOX? Porque una parte de los community manager de las hermandades de Sevilla han decidido de motu proprio meter a nuestras corporaciones en esta guerra partidista y política. No han usado sus cuentas personales, sino que lo han hecho con las cuentas institucionales de las hermandades. No es la primera vez que pasa y me temo que no será la última.

El asunto me parece especialmente grave, porque cada uno de nosotros podemos pensar y expresar de manera individual lo que nos venga en gana, faltaría más, pero cuando se llevan las redes sociales de una hermandad hay que ser consciente que ésta la componen personas de toda índole, ideología e incluso creencia: negros y blancos, de izquierdas y de derechas, monárquicos y republicanos, sindicalistas y empresarios, obreros y nobles, ateos y creyentes... querer homogenizar la Semana Santa es tan dañino como querer homogenizar a la ciudadanía. Las sociedades democráticas tienen una característica principal: son plurales. Exactamente igual que nuestras cofradías. Los CM deben usar las redes sociales para gloria de lo que une a tod@s l@s hernman@s, sus titulares y la propia hermandad. Queridos community de hermandad, dejad vuestras opiniones políticas para vuestras cuentas personales. No seáis tan mezquinos, por favor. 

Como digo tantas y tantas veces, una parte del mundo cofrade usa la religión a su antojo, para que le sirva de escudo y espada en las guerras quijotescas que mantienen. Su ideología está antes que su creencia (si es que tienen de esto último). Una prueba de lo que digo es que esos community manager suelen meter a las hermandades en todas las guerras que la ultraderecha les marca: monarquía/república, izquierda/derecha, valores sociales/individualismo, ahora lo de la cruz franquista... sin embargo, cuando Ortega Smith ha atacado directamente a la Iglesia, diciéndole al papa de Roma que meta a los inmigrantes en su casa o Abascal ha llamado "ciudadano Bergoglio" a Francisco, ni uno sólo de estos CM ha salido en defensa de la Iglesia a la que hipócritamente dicen defender y pertenecer. Quedan muy retratados. Demasiado. 

domingo, 20 de diciembre de 2020

Los pensadores

El 21 de abril de 2019 a las 17 horas empezaba a sonar la marcha "Amarguras" en la puerta de la iglesia de Santa Marina. La Banda de Música Nuestra Señora de la Victoria (Las Cigarreras) entonaba este himno de la Semana Santa a la entrada del palio de la Virgen de la Aurora, como es tradicional. Los hombres dirigidos por Antonio Santiago recorrían de este modo el pasillo central del templo hasta llegar al altar, dar el toque definitivo de llamador y oírse las míticas palabras "¡Ahí queó!". Ritual repetido año tras año. En ese instante todos teníamos la satisfacción de haber vivido otra semana extraordinaria de nuestras vidas e igualmente todos creíamos que en un año los sentimientos y emociones volverían a repetirse. 

No tenemos ninguna certeza, pero a día de hoy el escenario más optimista para volver a ver un paso en Semana Santa es el próximo Viernes de Dolores de 2022. Seguramente cuando en Pino Montano aparezca por la puerta del templo la cruz de guía de la hermandad del barrio. Llegado ese momento habrían pasado 36 meses, 1083 días y casi 26.000 horas desde la entrada del palio de la Virgen de la Aurora en 2019. Sabemos lo convulso que están siendo estos meses, pero precisamente si algo ha habido es tiempo entre Semana Santa. 

Creo que la mayoría de cofrades sabemos que cuando año tras año el Consejo de Hermandades y Cofradías ha dicho "Es que ya es Cuaresma y no nos ha dado tiempo a reunirnos. Después de Semana Santa lo haremos" en realidad no les creíamos. Ni ellos tampoco se creían, obviamente, pero el parón de la covid les ha dejado tan en evidencia que ya no quedarán ilusos ni adláteres que confíen en la institución de la calle San Gregorio, espero. La incapacidad para desarrollar la tarea encomendada es tan axiomática como sonrojante. 

Llegará un próximo Viernes de Dolores, cuando llegue, y ahí seguirán saliendo corporaciones que tienen solicitado desde hace años poder hacer estación a la catedral (Pino Montano, Misión y La Corona). El mismo caso al día siguiente con La Milagrosa. Algún Domingo de Ramos del futuro nos despertaremos con la ilusión de un niño el 6 de enero, la pesadilla del coronavirus habrá terminado, pero por la tarde seguiremos teniendo "trenecito" en la calle Francos (Cena, La Hiniesta y San Roque). El Amor seguirá molesto con su hora de entrada y tener a La Amargura delante y La Estrella seguirá entrando a las tantas. 

El 21 de abril de 2019 a las 17 horas empezaba a sonar la marcha "Amarguras" en la puerta de la iglesia de Santa Marina. La Banda de Música Nuestra Señora de la Victoria (Las Cigarreras) entonaba este himno de la Semana Santa a la entrada del palio de la Virgen de la Aurora, como es tradicional. Los hombres dirigidos por Antonio Santiago recorrían de este modo el pasillo central del templo hasta llegar al altar, dar el toque definitivo de llamador y oírse las míticas palabras "¡Ahí queó!". Ritual repetido año tras año. En ese instante todos teníamos la satisfacción de haber vivido otra semana extraordinaria de nuestras vidas e igualmente todos creíamos que en un año los sentimientos y emociones volverían a repetirse. 

No tenemos ninguna certeza, pero a día de hoy el escenario más optimista para volver a ver un paso en Semana Santa es el próximo Viernes de Dolores de 2022. Seguramente cuando en Pino Montano aparezca por la puerta del templo la cruz de guía de la hermandad del barrio. Llegado ese momento habrían pasado 36 meses, 1083 días y casi 26.000 horas desde la entrada del palio de la Virgen de la Aurora en 2019. Sabemos lo convulso que están siendo estos meses, pero precisamente si algo ha habido es tiempo entre Semana Santa. 

Creo que la mayoría de cofrades sabemos que cuando año tras año el Consejo de Hermandades y Cofradías ha dicho "Es que ya es Cuaresma y no nos ha dado tiempo a reunirnos. Después de Semana Santa lo haremos" en realidad no les creíamos. Ni ellos tampoco se creían, obviamente, pero el parón de la covid les ha dejado tan en evidencia que ya no quedarán ilusos ni adláteres que confíen en la institución de la calle San Gregorio, espero. La incapacidad para desarrollar la tarea encomendada es tan axiomática como sonrojante. 

Llegará un próximo Viernes de Dolores, cuando llegue, y ahí seguirán saliendo corporaciones que tienen solicitado desde hace años poder hacer estación a la catedral (Pino Montano, Misión y La Corona). El mismo caso al día siguiente con La Milagrosa. Algún Domingo de Ramos del futuro nos despertaremos con la ilusión de un niño el 6 de enero, la pesadilla del coronavirus habrá terminado, pero por la tarde seguiremos teniendo "trenecito" en la calle Francos (La Cena, La Hiniesta y San Roque). El Amor seguirá molesto con su hora de entrada y tener a La Amargura delante y La Estrella continuará entrando a las tantas. 

Vendrá el Lunes Santo, de nuevo colapso en la colación de San Vicente. Otra vez El Museo y San Gonzalo llegando a sus templos en plena madrugada. Es muy probable que El Museo entrando en la catedral en el Martes Santo, algo repetido a lo largo de los años. Y nada extraño que de nuevo tengan que retrasar su hora de salida sobre la marcha para no tener parón en la calle Alfonso XII. 

Tendremos Martes Santo, no será como el fantástico de 2018, sino seguramente como el caótico de 2019. Con San Esteban entrando a la hora que días antes no habían ni salido El Amor o El Museo. Santa Cruz haciendo parones y acelerones según indique el cronograma mágico ideado por Daniel Perera, ese que le marca su entrada oficial en catedral en el Miércoles Santo. Con el Cerro y Los Estudiantes cruzándose en Puerta Jerez y Cabrera mandando al lugar a todos los ejércitos de la ONU para decir "que todo ha discurrido con normalidad". Esa era la vieja normalidad del vetusto Consejo ¿os acordáis?

Y el Miércoles Santo, que para la Cuaresma 2020 había dado tanto que hablar, se fijó que Los Panaderos llegaran hasta la Plaza del Museo, nada más y nada menos. Se dijo que era una solución temporal y por la premura de tiempo, la Semana Santa 2020 se les echaba encima, decían. Qué ilusos. ¿Qué dirán la próxima Semana Santa? ¿que el plan del día lo tenían hecho, pero se lo ha comido el perro?

Y Jueves Santo seguirá con sus problemas de oficios por delante y Madrugá por detrás. Y hay quién todavía quiere meter ahí a los más de mil nazarenos de la Trinidad y su hora de paso. De cabeza andamos regular en el mundo cofrade, hay que reconocerlo. Y llegados a la madrugada que hiela los corazones, otro clásico, la Esperanza de Triana comprimida, haciendo un scaletrix en la ya remozada Plaza de la Magdalena y con su fiscal de cruz llegando a Campana antes que el de El Calvario. Un plan perfecto, te aseguran quienes te toman por imbécil.  

Hay que variar casi toda la Semana Santa. Se ha dicho mil veces. Una profunda reforma que podía haberse hecho en estos tres años, como mínimo, que vamos a tener sin pasos. Tiempo ha habido. Hay diputados mayores de gobierno que en estos tres años están como un marqués en el Caribe. Al Consejo sólo se le conoce celeridad para regalar el dinero a los abonados y para irse de excursión a Antequera. 

En este periodo hemos visto a los 27 presidentes de la UE reunidos por videoconferencia, al presidente del gobierno con todos los presidentes y presidentas autonómicos y reuniones empresariales interoceánicas que han conectado a los cinco continentes. En las cofradías nada, si no hay papelón por delante, no se mueve un varal. Sólo los diputados de caridad han trabajado a destajo y algunos priostes y diputados de cultos. El resto del institucionalismo cofrade se quedó en la misma postura que "El pensador" de Rodin, diciendo: "Algo habría que hacer, pero es que no nos ha dado tiempo".  


domingo, 29 de noviembre de 2020

¿Debe haber cultos este mes de diciembre?

El próximo martes entraremos en el mes de diciembre, último de este fatídico 2020. Es la época en la que hay dos palabras que resaltan por encima de todas: Inmaculada y Esperanza. En condiciones normales, las priostías de un gran número de hermandades tendrían ya todo preparado para empezar a montar el culto. Pero este año todo es muy diferente, los inconvenientes legales y la sensatez que debiera imperar en las corporaciones invitan a pensar que lo más razonable es no mover mucho a las imágenes de sus camarines y retablos. Así lo han decidido ya algunas de ellas. 
  
Llevamos un año recibiendo golpes duros: Semana Santa, Corpus, procesiones de Gloria, salidas extraordinarias, multitud de cultos... por no hablar de otros eventos que afectarán más o menos, según los gustos de cada uno (Feria, conciertos, cines, teatros, Ferias del Libro...). Hemos ido salvando cada día 'señalaíto' como hemos podido, tragando saliva y con los ojos humedecidos. Ahora parece que nos aproximamos al principio del fin y vemos algo de luz, pero tengamos paciencia, todavía estamos metidos de lleno en el túnel oscuro.

Actualmente, creo que no tiene mucho sentido montar actos que atraigan a las masas. Entiendo a las juntas de gobierno que tienen ganas de volver a una cierta normalidad, pero en mi opinión lo que no debemos perder nunca es la perspectiva. Si desenfocamos nuestro punto de vista, puede parecernos que un culto y la vida/salud de las personas están al mismo nivel, e incluso algunos pueden llegar a ver lo del culto por encima. Una barbaridad. Una inmoralidad. La vida de las personas está por encima de todo. Es algo que no tiene debate.

Con las medidas adoptadas por la Junta de Andalucía se crea otra disyuntiva, esta sí más debatible, porque no conlleva en sí fallecimientos. ¿Está bien que una hermandad realice un culto sabiendo que el hermano de fuera de la capital tiene prohibido ir? Estamos creando una sociedad peligrosa, cada vez es más individualista y egoísta. Se usa la palabra buenismo como insulto, se prioriza la libertad individual al bien colectivo y se desprecia al prójimo, en vez de amarlo. Mal camino para todos es ese. 

Cualquiera que me conozca sabe las ganas que tengo de ver una procesión en la calle, disfrutar de jornadas maratonianas de besamanos como las del 8 de diciembre, 18 de diciembre o Domingo de Pasión, poder reunirme con amigos cofrades en la barra de una bar para charlar un rato sobre los cotilleos de este mundillo... en definitiva, volver a la normalidad. Pero mis deseos y mis ganas, mientras pongan en peligro a alguien, no son posible. Mis gustos y creencias no están por encima de tu salud. 

Me hubiera encantado escuchar la voz de Carlos Morán la próxima vez que vea a la Virgen de Valvanera, o que la hermana del convento de santa Angela de la Cruz que falleció por covid hubiera visto a la misma Macarena, cansada pero sonriendo, que veré yo unos metros después en la calle Feria, la próxima vez que la Esperanza salga a la calle. O divisar la figura del sacerdote Alfredo Corona entre la multitud que habitualmente rodea al paso de la Virgen del Amparo. Y tantos miles de cofrades que la próxima vez que vean una procesión no será junto a la persona que les hizo amar la Semana Santa. No podemos deshumanizar la tragedia escondiéndola detrás de números fríos, cuando lo que tenemos en realidad son familias destrozadas. 

No quiero recuerdos con lágrimas por el capataz que ya no está entre nosotros, ni dibujos de niños en la puerta del convento ni rezos de los feligreses por el sacerdote fallecido. Lo que me hubiera gustado es tenerlos a ellos junto a mí. Eso a día de hoy es imposible, pero sí tenemos en nuestra mano que nuestro egoísmo de disfrutar un rato no destroce más familias. Seamos sensatos. No hagamos que lo irracional gane a lo racional, cuando de lo que estamos hablando es de lo más sagrado que tenemos, la vida. 

domingo, 25 de octubre de 2020

Paradojas

 - A algunos que en 2018 les parecía una herejía que las hermandades del Martes Santo hicieran el tramo de la carrera oficial de catedral a campana, ahora ven como una gran Semana Santa sacar unas andas a San Lorenzo para que 300 personas disfruten.

- Algunos que durante todo el año hablaban de jugar a los pasitos, ahora dicen que salgan pasos a las calles, como sea, aunque suponga el riesgo para la vida de las personas.

- Algunos hace cuatro meses clamaban por hacerle una sangría a las hermandades, coaccionando para la devolución del dinero de la carrera oficial, ahora lloran por las esquinas porque las hermandades se desangren.

- Algunos que durante estos años han usado el argumento de la caridad que ejercen las hermandades, para defenderlas de ataques externos, ahora, que vienen mal dadas a una parte de la sociedad, dicen que lo de la caridad es secundario o incluso terciario.

- Algunos que decían que no pasa nada por no salir (si llovía), que las imágenes estaban en su iglesia todo el año, ahora ya no lo dicen y vociferan que hay que tomar la calle, aunque el enemigo sea mucho más dañino que la lluvia.

- Algunos que decían que el mundo de las bandas es postureo, ahora entran en depresión por la suspensión de los ensayos. Suspensión que viene motivada para preservar la salud de sus integrantes y de toda la sociedad en general, no lo olvidemos nunca.

- A algunos que les sobraban pasos en las calles, ya fueran de Glorias, asociaciones civiles o incluso Semana Santa, ahora dicen que sin pasos en la calle nada tiene sentido.

- A algunos que les sobraban certámenes, carretillas, 'velás'... ahora ruegan porque vuelvan, como sea. 

- A algunos que eran considerados gurús de la Semana Santa, ahora comparan ésta con poner una lavadora. Para ellos es una moda de la que se pueden desacostumbrar con dos tardes que no tengan cofradías, al parecer.  

- A algunos que llevan décadas diciendo que en la Semana Santa no había que cambiar nada (itinerarios, carrera oficial, horarios...) porque no veían que hubiera ningún problema, siguen con la presbicia y ahora tampoco ven el gran problema que sería tener actividades masificadas en Semana Santa.


domingo, 4 de octubre de 2020

¡Cofrades, salid de la burbuja!

El pasado jueves tuvimos la primera imagen en la calle desde que en marzo se decretara el estado de alarma en el país. Sinceramente, visto como fue el acto, creo que la Hermandad del Gran Poder ha hecho bien. Actualmente es más seguro hacer este tipo de actos al aire libre, las medidas que tomaron fueron las adecuadas y consiguieron que al evento pudieran ir más personas de las que habrían podido ir de haberse celebrado dentro de la basílica. También hay que pensar en muchas personas que han pasado (y están pasando) mucho miedo durante estos últimos meses. Quizás a mí o a ti, que estás leyendo esto, no nos diga mucho un acto así, pero seguro que hay personas mayores a las que ese ratito de vuelta a cierta normalidad les ha aliviado. Aunque lo hayan podido ver sólo por televisión o en una foto. El Señor no sale ni para mí, ni para ti ni para nuestros gustos, el Señor sale para todos, especialmente para los que están más necesitados de él. A ver si de una vez por todas nos convertimos en una sociedad empática y dejamos de ser la sociedad egoísta e individualista que somos en estos momentos. 

Dicho esto, creo que es importante diseccionar la situación. Estamos acostumbrados a posiciones maximalistas donde si dices lo que he dicho en el primer párrafo, es que también estás pidiendo más pasos en la calle, una Semana Santa normal o forzar lo que en estos momentos no se puede forzar. Lo primero, siempre, es la salud de la población. En el evento de esta semana no se ha puesto en riesgo a nadie, porque tenía unas circunstancias y condicionantes muy especiales, pero ir más allá de eso sí que pondría en riesgo a muchas personas. Hay una cosa que me llama la atención. Leo y escucho de manera recurrente que "las cofradías tienen que salir a la calle como sea". La Semana Santa y todo lo que la rodea es demasiado importante y tiene tanto peso en la ciudad que no nos podemos permitir, en ningún caso, ese "como sea". 

A día de hoy no se va a celebrar, ni como sea ni de ninguna manera, la Cabalgata de Reyes, ni los Carnavales de Río o Cádiz, ni se van a llenar estadios deportivos, ni se van a celebrar festivales de música, ni se van a abrir algunos teatros, ni hay grandes conciertos, ni se están celebrando algunos eventos deportivos de transcendencia mundial, ni conferencias, ni pueden avanzar algunas producciones cinematográficas, ni hay presentaciones literarias, ni Ferias del Libro, ni Ferias municipales y todo lo que acarrean (feriantes, circos...), ni congresos profesionales, ni clases presenciales en algunas universidades, ni se disputan las maratones más importantes del mundo: Nueva York, Boston, Berlín o Londres, ni los Juegos Olímpicos de Tokyo, ni la Eurocopa de fútbol, ni los sanfermines, ni las diferentes Oktoberfest de Alemania, ni las Fallas, ni el Burning Man de Nevada... nadie en el mundo está intentando forzar la normalidad. Para muchas millones de personas esos eventos son su Semana Santa. Lo más importante que tienen. Aquí - más vale que los ilusos vayan abriendo los ojos - tampoco vamos a tener Semana Santa 2021, porque si no es como la conocemos, es que no hay Semana Santa. No nos engañemos. La Semana Santa no es un paso montado que no va a salir a la calle o un reguero de andas. Los encerrados en la burbuja cofrade creen que el planeta empieza y termina a escasos metros de su domicilio. Que sólo existe lo que a ellos les gusta. Que nadie más en el mundo está sufriendo con todo lo acontecido. Piensan que hay que hacer lo que sea y como sea para satisfacerles a ellos. No, perdonad que insista, pero como ya he comentado en algún artículo, lo único que hay que hacer es lo que sea seguro sanitariamente para todos los ciudadanos.

¿Por qué esa irracionalidad de siempre querer ir más allá de lo que es posible y recomendable? ¿Por qué la sobreactuación melodramática de creerse constantemente los más perseguidos de todo el planeta, cuando no es así? ¿Por qué anteponer algo banal a algo fundamental? Ninguna procesión merece un solo ingresado en UCI, alejado de su familia y de casi todo ser vivo. Intubado bocabajo. Así un mes, y luego otro y luego otro más. Eso en el mejor de los casos; en el peor está el seguir incrementando la lista de fallecidos de esta maldita pandemia. Cuando se dice "como sea", en realidad lo que se está diciendo es que la banalidad de querer escuchar - en la calle - la última marcha de Las Cigarreras o hacer otra vez la foto que se ha hecho 100 veces está por delante de la vida o el sufrimiento de cualquier persona que nos rodea. Y esto lo pueden disfrazar con la demagogia que se les ocurra, porque quienes defienden esta postura de salir como sea no son valientes para ir de cara y plantearlo tal cual es, pero el fondo real de la cuestión es ese. Con esa inmoralidad sobrecogedora que no cuente nadie con mi apoyo.