lunes, 14 de mayo de 2018
domingo, 13 de mayo de 2018
Los fracasos de la Madrugada
Después de la Semana Santa pasada desde el Ayuntamiento, las hermandades, Consejo y parte del mundo cofrade se dijo que la Madrugá había sido un éxito. Es una frase que seguramente tenían hecha desde antes de la Semana Santa y la querían soltar rápidamente a poco que no sucediera un hecho negativo de especial relevancia. Si analizamos detenidamente la jornada, vemos que hay demasiadas cosas para arreglar como para decir que fue un éxito, incluso un buen número de ellas las podemos definir como fracasos rotundos.
En primer lugar debemos tener claro una cosa, que no haya desgracias ni altercados relevantes no quiere decir que sea una buena noche. O lo que es lo mismo, lo normal no puede ser nunca elevado elevado a la categoría de éxito, porque entonces estaríamos poniendo un listón tan bajo que nos haría imposible un progreso a la altura de los tiempos. No hubo cortejos rotos ni cientos de heridos, pero ese árbol no nos debe tapar la visión del resto del bosque, el cual es de hoja caduca. Tuvimos a dos hermandades a las que se le obligó a ir contra su idiosincrasia, porque a un grupo de señores se le antojó eso en una noche invernal de casa hermandad. Ese cambio no mejoró nada y ocasionó otros problemas que antes no había.
Teníamos un plan cuya base consistía en que una hermandad, pasara lo que pasara y en el mejor de los casos, tenía que estar parada entre 25 minutos y 30 minutos. Me refiero a la Esperanza de Triana y su tramo desde Puerta de Triana hasta Campana. ¿Se puede llamar éxito a tan sonrojante chapuza? Por otro lado tuvimos una Madrugá con muy poco público en las calles, es algo que ya dije que no me preocupaba, si es solo por un año. Se dieron elementos circunstanciales este año que propiciaron esta asistencia mínima. Dentro de esas variables circunstanciales sí hay una que me preocupa, y es la que implica el miedo que difundieron las instituciones. Parece que su estrategia se basa en expulsar a la gente para solucionar incidentes. Recuerda a aquel presidente necio que pretendía reducir el número de incendios forestales talando arboles. Si el pensamiento del Ayuntamiento y el Consejo es este en los próximos años, sí tenemos un problema grave. Por otro lado es falso que no hubiese botellonas, al menos en Alameda y Encarnación las había, y muy cerca de los cortejos, por cierto. Eso se ha callado y debería ser una de las prioridades a erradicar el año que viene. Se preocuparon mucho del horario de cierre de bares y muy poco de los adolescentes y sus botellonas. Ese además es otro problema creado este año, cientos de personas, especialmente mayores, protestando por no encontrar un sitio donde hacer sus necesidades o tomarse un café.
Vemos que la jornada tiene importantes roturas, por un lado las propias de organización de los cortejos, que corresponde solucionar al Consejo. Por otro lado las propias de la inseguridad y garantizar un evento masivo y seguro, que corresponde al Cecop. Al margen de todo esto, un asunto que me entristece es ver como cofrades cómodos y egoístas piensan que una Madrugá con poca gente -o mucha menos- es algo positivo. Si de verdad queremos mantener la tradición, debemos entender que ésta se sustenta en las personas. Si poco a poco desligamos al sevillano de la calle, acabaremos dando una estocada mortal a la celebración.
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miércoles, 9 de mayo de 2018
domingo, 6 de mayo de 2018
Sevilla no se vende sola
En alguna ocasión he hablado de lo importante que sería crear de una vez por todas un modelo de ciudad. Dentro de ese modelo una de sus variables - no la más importante, pero sí una de las principales - es saber que tipo de turismo deseamos. Claramente la ciudad tiene una tipología de turista urbano, es una obviedad, pero dentro de eso se puede elegir que clase de turista urbano queremos recibir. Está de moda el debate sobre las despedidas de solteros/as, especialmente el sector más radical de la ciudad, el conservador, se escandaliza con ciertas imágenes. A mí que un grupo de personas tengan como diversión emborracharse vestidos con diferentes complementos sexuales no me escandalizan en absoluto, pero sí me duele que las instancias públicas y privadas de la ciudad sean perezosas en la búsqueda de otro tipo de turismo que enriquezca más a la ciudad.
Lo primero que hay que tener claro es que para hacer una municipio atractivo para los turistas, primero lo debes hacer atractivo para los ciudadanos. Priorizar al turista respecto al ciudadano acaba creando escenas infames de masificación o descontrol (Venecia es un ejemplo de ello). Esto, que parece una simpleza, tiene una dificultad grande que Sevilla no está sabiendo entender. Entre una ciudad cerrada y una ciudad para el ciudadano hay una delgada línea. Por ejemplo Sevilla está vendiendo como oferta turística fiestas clasistas y que están cerradas casi herméticamente al turista, como es el caso de la Feria. La incongruencia esta se comete año tras año y nadie parece caer en la atrocidad estratégica. También la Semana Santa es una fiesta cerrada y de difícil disfrute para el turista, aunque menos que la Feria.
En el complejo mundo de la geografía del turismo todo está relacionado, de un par de décadas para acá Sevilla está cometiendo el error de hacer una ciudad clónica. Se está potenciando poner las grandes franquicias que hay en casi cualquier ciudad del mundo: McDonalds, Zara, HyM, Springfield, Burguer King... casi siempre estos comercios han quitado negocios tradicionales que otorgaban una identidad propia a la ciudad. En la Semana Santa vemos claramente la defensa a ultranza que el Ayuntamiento hace de esta ciudad clónica, cuando se nos dice que la carrera oficial no puede ir por la calle Tetuán, porque hay que mirar por lo intereses de las franquicias que allí están. En Sierpes hay otro tipo de comercios - tradicional - que más o menos da lo mismo si salen perjudicados. A este punto concreto le voy a dedicar en próximas fechas un artículo específico, porque tiene muchas más ramificaciones, pero hoy lo traigo aquí porque, como decía antes, todo está relacionado: Modelo de ciudad, turismo que queremos, identidad que adquirimos e imagen que exportamos y vendemos. Por no hablar del daño patrimonial que se le está haciendo a la ciudad, con una arquitectura vacía que no aporta nada atrayante y que sustituye a edificios singulares.
Si de verdad Sevilla no quiere ser residuo de un turismo estiércol, debe primero tomarse en serio a sí misma. Debe abrirse a los demás y dejar de ser la ciudad cerrada que es. Tendría que crear una oferta cultural amplia, transgresora y plural, de momento lo que está haciendo es cerrar teatros. Tiene que dejar de hacer grandes centros comerciales clónicos, donde te ponen la misma película/hamburguesa/pizza que en cualquier otra parte del mundo; apostar por crear espectáculos de calidad y únicos. Debería abrir los mayores y más singulares museos que tiene la ciudad: los conventos e iglesias, replantearse los dantescos horarios de sus grandes monumentos y crear una red industrial enlazada al turismo, por mucho que hoy en día se criminalice al turismo, éste no es malo, si es sostenible. Lo que no se puede llamar turismo es a un contrato de cuatro horas de camarero o una explotación laboral de una semana para uso y disfrute de una minoría de la ciudad. También si se tuviera un tejido empresarial fuerte, se podría apostar por la innovación y atraer al turismo de congresos... En resumen, cambiar totalmente la mentalidad y la política estratégica, porque la ranciedad promovida desde las élites conservadoras es lo que nos ha traído y nos seguirá trayendo este turismo de bajo coste. Sevilla no es la ciudad más bonita del mundo, ni tiene los mejores monumentos, ni es tan acogedora y sobre todo, Sevilla no se vende sola. A las pruebas me remito.
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domingo, 29 de abril de 2018
Cerrado por Feria
Pasados los efluvios del rebujito y de la manzanilla de Sanlúcar, creo que es digno de mención destacar lo que año tras año ocurre, durante la semana de Feria, en algunas iglesias y en la gran mayoría de hermandades. Partiendo de la base que, en mi opinión, no es igual de recriminable la decisión de una hermandad, que la de los diversos párrocos que cierran sus templos y suspenden las misas en función de la fiesta profana por excelencia.
No parece serio que todos los años se decida anular misas para poder ir tranquilamente a los Remedios a idolatrar al dios Baco. No soy nadie para entrar en la liturgia de la Iglesia, pero sí rechina, y mucho, que en tiempos donde algunos falsamente van de víctima y esgrimen un anticlericalismo social, sea la propia Iglesia la que decida plegarse a lo profano y suspender sus sagradas misas. Lo del falso anticlericalismo quiero que se me entienda, no se puede negar que existen personas con ideología anticlerical, como nadie puede negar que hay personas con ideología nacionalcatalocista. Si miramos uno por uno los que acceden al poder, veremos que los segundos son una amplia mayoría con respecto a los primeros, y el poder es quien moldea las sociedades.
En este contexto se admite con una extraña naturalidad la suspensión de misas por parte de los sacerdotes, pero si por ejemplo un partido con tintes anticlericales estuviera en el poder y dictaminara que se deben suspender las misas durante la Feria, a buen seguro habría manifestaciones, el ejercito de meapilas alzaría la voz en las redes sociales y los columnistas afines al régimen vaticano escribirían durísimos artículos; todos ellos llevarían razón, porque no parece lógico que los ámbitos profanos y religiosos funcionen como vasos comunicantes. Sin embargo, ahora todos esos callan o incluso justifican. Tenemos un mismo hecho con una respuesta muy diferente, en función exclusivamente de quien sea el ejecutor. No parece que eso sea ni muy racional ni muy sano.
Al principio decía que hay que distinguir entre parar la actividad de una hermandad durante una semana y cerrar iglesias y suspender misas. La diferencia es evidente, la vida de una hermandad, que no tenga cultos cercanos, se puede parar una semana y no influye en nadie, es más, muchos hermanos harán vida de hermandad en el Real, algo que particularmente no veo mal. Sin embargo, la iglesia cerrada y sin misas deja abandonadas a muchas personas que necesitan de ese rato con Dios, personas mayores o desvalidas que lo de pedirse tortillas en platos de plástico y jarras de rebujito les queda lejos, para las cuales esa media hora diaria de rezo es lo más importante del día. No estaría mal que el año que viene los "íntegros" internautas y articulistas alzaran la voz, aunque fuera solo por defender a estas personas, a las cuales utilizan muchas veces a lo largo del año, pero que a la hora de la verdad las desprecian y abandonan.
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sábado, 28 de abril de 2018
domingo, 22 de abril de 2018
Todo lo que un inmovilista no te explica (y II)
En la primera parte de este artículo vimos varios aspectos que afectan a la Semana Santa, especialmente centrados en el Martes Santo. Hoy vamos a seguir desarrollando la misma idea, ampliando los temas que los inmovilistas repiten más y demostrando como en todos los casos carecen de fuerza argumental. Seguiremos centrando el foco en el Consejo y su junta superior, principalmente por ser ellos los que abanderan la defensa del inmovilismo (caos, recuerden) y porque son los máximos responsables de la tropelía que se cometería, si no escuchan a los hermanos mayores del Martes Santo.
Advierte el presidente del Consejo que desde que se aprobó hacer la carrera oficial de Catedral a Campana, se anunció que era con carácter excepcional. Es cierto, pero la pregunta es ¿qué sentido tiene dar carácter excepcional a una prueba? Ningún sentido. El ensayo que se hizo no es una salida extraordinaria, sino que es la búsqueda de la solución a un problema. La jornada lleva décadas siendo un desaguisado, la hermandades estaban hartas de estar hartas, ahora dan con una mejora, que no rompe en nada la Semana Santa, queda demostrado que es mucho mejor que lo que había, y aún así hay quien piensa, no sé sabe muy el porqué, que debemos volver atrás. No hay explicación racional para ello, y una institución como el Consejo siempre debería estar regida desde la racionalidad y no por el interés o gusto particular de los que mandan. ¿Por qué se dice no querer una Semana Santa a la carta, si en la Semana Santa todo es a la carta? Se le intenta dar un carácter peyorativo a la expresión "a la carta", cuando en realidad en este contexto es sinónimo de mejor. Insisto en un cuestión importante que hablamos la semana pasada, cuando se dice que hay muchas soluciones antes que la inversión de la carrera oficial, es una consigna repetida de manera vacía. Lo importante no es la cantidad, sino la calidad de las mismas, y sobre todo, qué se digan cuales son esas soluciones, porque llevan ya varias Semana Santa en el poder y no parece que hayan aplicado esas pócimas mágicas. ¿Por qué? Muy fácil, porque son embustes, no existen esas opciones. Siguen practicando lo que llevan años haciendo: los juegos de trileros.
Cuando Joaquín Sainz de la Maza estaba en campaña electoral decía en sus entrevistas que había que fomentar los acuerdos de hermanos mayores. Incluso una vez que llegó al poder seguía manteniendo que el Consejo no podía interferir en las decisiones de las hermandades, que los cambios debían llegar por acuerdos unánimes de los hermanos mayores. El Martes Santo dio una lección a todos, sabiendo llegar no solo a un acuerdo unánime, sino a una solución que se acerca a la Semana Santa del siglo XXI. Si la junta superior impide este avance, pasarán a la historia como uno de los mandatos peores de la historia del Consejo, no solo son incapaces a la hora de encontrar soluciones - cosa que es tradición en la casa - , sino que ahora se le uniría echar para atrás el trabajo a quien sí ha encontrado esas soluciones.
No es baladí todo lo que ronda al Martes Santo. En realidad estamos decidiendo que Semana Santa queremos tener los cofrades las próximas décadas. Hay dos opciones, una la de seguir igual, haciendo pequeñas chapuzas que se venden como soluciones, caso de la Madrugá de este año o la que se comenta de abrir Campana por la calle Martín Villa. La opción inmovilista implica que los cofrades seguimos en riesgo, especialmente los que se encuentran en calle Sierpes, por ejemplo. Justifica los aforamientos y las calles vacías en unos puntos y aglomeradas en otros. Supone las entradas peligrosas a las cuatro de la madrugada y los eternos parones, que son el mayor atrayente para las peligrosas sillitas. Una mala planificación conlleva problemas, inconvenientes y riesgos latentes de seguridad. La otra opción es la de cambiar la mentalidad, entender que la innovación es el progreso. Comprender que la Semana Santa no se arregla ni en "combebencias" de hermandades ni entre papelones de pescado frito. La advertencia que hay que decirles a los inmovilistas es que ellos no defienden la tradición, que ésta siempre se defiende desde el progreso, porque lo contrario es la destrucción de la misma.
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