martes, 12 de octubre de 2021
domingo, 10 de octubre de 2021
sábado, 9 de octubre de 2021
domingo, 26 de septiembre de 2021
El derrumbe del periodismo
A nadie escapa que el periodismo en los últimos años se ha vuelto canalla, de trinchera y faltando a los tres axiomas clásicos que siempre debiera cumplir: informar, formar y entretener. Esto está ocurriendo en el periodismo político, deportivo, cultural... y obviamente también en la prensa cofrade de nuestra localidad. No hace falta decir que aunque esté generalizando, porque sin generalizar es imposible hablar, hay medios y periodistas en todos esos ámbitos que sí son excelentes profesionales y hacen una labor extraordinaria.
En mi opinión, los medios que podríamos llamar 'top' de prensa morada son espacios cochambrosos que sólo viven de la polémica, divulgar falsedades y fomentar filias y fobias irracionales entre los cofrades. Cero investigación. Hacía años que no veía absolutamente nada de televisión cofrade (a excepción de un par de pinceladas de PTV la Semana Santa pasada), hasta el otro día que vi un trozo de una tertulia. Me alegré mucho de llevar tanto tiempo sin ver nada de ese programa y más me alegro de los años que van a pasar sin que vuelva a verlo. ¿Es normal que un especio dedicado a las cofradías se amenace hasta con la agresión física por pensar distinto en un asunto complicado? Da que pensar también que tanto los argumentos de unos como los de otros eran vacíos, sin base ni científica ni argumental más allá del "porque yo lo digo". Sólo importaba chillar más que los demás y se hacían esfuerzos notables - por parte de todos - para demostrar ser el más "cuñao" de la sala. A este programa no le pusieron de nombre Sálvame, porque ya estaba cogido, pero son el mismo producto tratando temáticas diferentes.
Reconozco que El Llamador sí lo escucho en Semana Santa, en esos días sí hacen una labor muy buena y de servicio público. El resto del año, no. Tanto en sus redes sociales como en sus programas anuales buscan simplemente la polémica o satisfacer sus cuitas personales, aprovechando el eco de un medio público. Justamente su director es el columnista dominical en un medio privado, últimamente convertido en un especialista en tener que rectificar bulos y menosprecios lanzados previamente de manera malintencionada. Todos estos medios están conformados por personas que se autoproclaman periodistas profesionales, pero luego no son capaces de hablarte de desfalcos en hermandades, abusos sexuales en grupos jóvenes o delitos graves de importantes hermanos mayores. El ranking de las mejores chicotás, las espinilleras de los jugadores o pedir selfis mientras haces la estación de penitencia lo dominan como nadie, pero la labor periodística no tanto. No es periodismo lo que hacen.
En realidad lo que más me preocupa de esto no es la cantidad de personas que puedan seguir a estos medios (y otros por el estilo), sino el caldo de cultivo que generan. Cada uno es libre de entretenerse como quiera, faltaría más, pero no hay que ser muy lumbreras para saber que una fuerte presión de la opinión publicada acaba influyendo en la opinión pública. Dicho de otro manera, si el cofrade consume masivamente ruido e información "low cost", lo que producirá luego será ruido y un mundo "low cost". Es posible que en este asunto ya vayamos tarde.
domingo, 19 de septiembre de 2021
Lux Hispalensis
Dicen que Sevilla es la ciudad de la luz. Afirmación que tiene poco debate, si sabemos las horas anuales de sol que hay en esta zona, pero yo pienso que es más bien la ciudad de las luces: La luz que refleja el Guadalquivir en una tarde de cucaña. La luz de los farolillos de la Feria. La luz de un candelabro cuando se prepara para la chicotá de entrada en el templo. La luz que penetra por la ramas de los eucaliptos del parque de María Luisa. La luz del césped del Benito Villamarín y del Sánchez Pizjuán. La luz del albero maestrante. La luz del ´mapping' en Navidad. La luz de la primavera. La luz del otoño. Todas las luces de Sevilla tienen un sentido. En todas hay algún recuerdo.
San Juan de la Palma es uno de los grandes enclaves de la ciudad. Un lugar diferente al resto, con la idiosincrasia que tienen las grandes manzanas europeas. Montmartre, Trastevere, Mouraria... pueden empatar, pero nunca ganar. No tienen ni a La Palma de San Juan ni a la Virgen de la Amargura. Tampoco han visto la historia del barrio de la Feria ni son vecinos de los ángeles de Santa Ángela. Tienen otras peculiaridades, otras historias extraordinarias y otras leyendas increíbles, qué duda cabe, por eso digo, igualar sí, superar, no.
Hoy esa plaza será nexo de unión de múltiples tramos luminiscentes: los del cortejo de la Pastora, los del paso, los que reflecte la espadaña... y el de San Genaro. Todos conocemos esa bella circunstancia que ocurre cada equinoccio de otoño, cuando la Virgen de la Amargura es iluminada por el dios Helio. Tradición cristiana y mitología griega que no podían darse la mano en otro lugar que no fuera aquí. Mientras, la luz pastoreña avanzará buscando a la diosa Eos (Aurora), como si nos quisiera enseñar el alba de una nueva época. Todo ello en un distrito (en una ciudad, en realidad) que está inundado por la Esperanza. Nada es casualidad.
Atrás quedaron dieciocho meses de tinieblas y de luces opacas. Una noche muy larga en la que por momentos se veía el amanecer muy lejano. Del sueño de estar junto al Señor de la Salud de los Gitanos se pasó a la pesadilla. Como ocurre en las ensoñaciones, perseguíamos reflejos, pero nunca los atrapábamos. No eran reales. Eso ya es pasado, el despertador ha sonado y por delante nos queda una jornada de meses ilusionantes. Hoy en San Juan de la Palma todo será luz, pero lo que más brillará serán los ojos de los presentes. Pupilas emocionadas por lo que nos deparará este nuevo despertar.




