sábado, 9 de octubre de 2021
domingo, 26 de septiembre de 2021
El derrumbe del periodismo
A nadie escapa que el periodismo en los últimos años se ha vuelto canalla, de trinchera y faltando a los tres axiomas clásicos que siempre debiera cumplir: informar, formar y entretener. Esto está ocurriendo en el periodismo político, deportivo, cultural... y obviamente también en la prensa cofrade de nuestra localidad. No hace falta decir que aunque esté generalizando, porque sin generalizar es imposible hablar, hay medios y periodistas en todos esos ámbitos que sí son excelentes profesionales y hacen una labor extraordinaria.
En mi opinión, los medios que podríamos llamar 'top' de prensa morada son espacios cochambrosos que sólo viven de la polémica, divulgar falsedades y fomentar filias y fobias irracionales entre los cofrades. Cero investigación. Hacía años que no veía absolutamente nada de televisión cofrade (a excepción de un par de pinceladas de PTV la Semana Santa pasada), hasta el otro día que vi un trozo de una tertulia. Me alegré mucho de llevar tanto tiempo sin ver nada de ese programa y más me alegro de los años que van a pasar sin que vuelva a verlo. ¿Es normal que un especio dedicado a las cofradías se amenace hasta con la agresión física por pensar distinto en un asunto complicado? Da que pensar también que tanto los argumentos de unos como los de otros eran vacíos, sin base ni científica ni argumental más allá del "porque yo lo digo". Sólo importaba chillar más que los demás y se hacían esfuerzos notables - por parte de todos - para demostrar ser el más "cuñao" de la sala. A este programa no le pusieron de nombre Sálvame, porque ya estaba cogido, pero son el mismo producto tratando temáticas diferentes.
Reconozco que El Llamador sí lo escucho en Semana Santa, en esos días sí hacen una labor muy buena y de servicio público. El resto del año, no. Tanto en sus redes sociales como en sus programas anuales buscan simplemente la polémica o satisfacer sus cuitas personales, aprovechando el eco de un medio público. Justamente su director es el columnista dominical en un medio privado, últimamente convertido en un especialista en tener que rectificar bulos y menosprecios lanzados previamente de manera malintencionada. Todos estos medios están conformados por personas que se autoproclaman periodistas profesionales, pero luego no son capaces de hablarte de desfalcos en hermandades, abusos sexuales en grupos jóvenes o delitos graves de importantes hermanos mayores. El ranking de las mejores chicotás, las espinilleras de los jugadores o pedir selfis mientras haces la estación de penitencia lo dominan como nadie, pero la labor periodística no tanto. No es periodismo lo que hacen.
En realidad lo que más me preocupa de esto no es la cantidad de personas que puedan seguir a estos medios (y otros por el estilo), sino el caldo de cultivo que generan. Cada uno es libre de entretenerse como quiera, faltaría más, pero no hay que ser muy lumbreras para saber que una fuerte presión de la opinión publicada acaba influyendo en la opinión pública. Dicho de otro manera, si el cofrade consume masivamente ruido e información "low cost", lo que producirá luego será ruido y un mundo "low cost". Es posible que en este asunto ya vayamos tarde.
domingo, 19 de septiembre de 2021
Lux Hispalensis
Dicen que Sevilla es la ciudad de la luz. Afirmación que tiene poco debate, si sabemos las horas anuales de sol que hay en esta zona, pero yo pienso que es más bien la ciudad de las luces: La luz que refleja el Guadalquivir en una tarde de cucaña. La luz de los farolillos de la Feria. La luz de un candelabro cuando se prepara para la chicotá de entrada en el templo. La luz que penetra por la ramas de los eucaliptos del parque de María Luisa. La luz del césped del Benito Villamarín y del Sánchez Pizjuán. La luz del albero maestrante. La luz del ´mapping' en Navidad. La luz de la primavera. La luz del otoño. Todas las luces de Sevilla tienen un sentido. En todas hay algún recuerdo.
San Juan de la Palma es uno de los grandes enclaves de la ciudad. Un lugar diferente al resto, con la idiosincrasia que tienen las grandes manzanas europeas. Montmartre, Trastevere, Mouraria... pueden empatar, pero nunca ganar. No tienen ni a La Palma de San Juan ni a la Virgen de la Amargura. Tampoco han visto la historia del barrio de la Feria ni son vecinos de los ángeles de Santa Ángela. Tienen otras peculiaridades, otras historias extraordinarias y otras leyendas increíbles, qué duda cabe, por eso digo, igualar sí, superar, no.
Hoy esa plaza será nexo de unión de múltiples tramos luminiscentes: los del cortejo de la Pastora, los del paso, los que reflecte la espadaña... y el de San Genaro. Todos conocemos esa bella circunstancia que ocurre cada equinoccio de otoño, cuando la Virgen de la Amargura es iluminada por el dios Helio. Tradición cristiana y mitología griega que no podían darse la mano en otro lugar que no fuera aquí. Mientras, la luz pastoreña avanzará buscando a la diosa Eos (Aurora), como si nos quisiera enseñar el alba de una nueva época. Todo ello en un distrito (en una ciudad, en realidad) que está inundado por la Esperanza. Nada es casualidad.
Atrás quedaron dieciocho meses de tinieblas y de luces opacas. Una noche muy larga en la que por momentos se veía el amanecer muy lejano. Del sueño de estar junto al Señor de la Salud de los Gitanos se pasó a la pesadilla. Como ocurre en las ensoñaciones, perseguíamos reflejos, pero nunca los atrapábamos. No eran reales. Eso ya es pasado, el despertador ha sonado y por delante nos queda una jornada de meses ilusionantes. Hoy en San Juan de la Palma todo será luz, pero lo que más brillará serán los ojos de los presentes. Pupilas emocionadas por lo que nos deparará este nuevo despertar.
jueves, 16 de septiembre de 2021
El camino a la normalidad
domingo, 4 de julio de 2021
Eufemismos
Los sevillanos en líneas generales son muy dados al juego de no hablar de manera clara e ir por la vida con una doble moral o discurso. De hecho, hasta existe un localismo muy habitual en el lenguaje del hispalense: ojana. Esta palabra puede variar sensiblemente su significado según el contexto en el que se diga, pero la mayoría de las veces no es más que un eufemismo para no decir que alguien es un falso. En Sevilla existen muchos eufemismos y la ciudadanía no es muy dada a decir las cosas a la cara, que le pregunten, si no, a aquellos que después del pregón de Enrique Henares o Francisco Berjano les dieron una palmadita en la espalda y les dijeron que lo habían bordado y que era un texto "muy sevillano".
Llevamos algunos meses donde un grupo de cofrades presionan para que haya cofradías como sea (en ese "como sea" ya denotan lo poquito que en realidad quieren a este mundo), como no son capaces de decir claramente que lo que desean es ver pasos en la calle, porque disfrutan con ello, lo envuelven en una supuesta razón mayor: el culto externo. Ahí entraría la excusa - no es más que eso - de la evangelización y la religión. "En España ningún gobierno puede prohibir el culto externo", dicen. De hecho, la prohibición del culto externo no viene por la vía civil, sino que es Palacio quien lo prohíbe, aunque los adláteres de la curia suelen ocultar este dato, cuando hablan del tema. El que es creyente no necesita de un paso en la calle, en realidad las procesiones tampoco evangelizan a nadie actualmente (no estamos en el XVI). Todos ansiamos la vuelta de los pasos a la calle porque es algo que nos gusta y con lo que disfrutamos (palabra que siempre se oculta con eufemismos en el mundo de las cofradías). Se puede decir sin ningún tipo de complejos y no pasa nada. Sin eufemismos ni cuestiones meta-filosóficas: Nos lo pasamos muy bien viendo pasos.
Hilando y casi bordeando con lo anterior, también se suele argumentar que los pasos deben salir por una cuestión de salud mental. Este razonamiento me enfada mucho, he de reconocerlo. La salud mental es un problema muy grave en este país y hay que tener muy pocos valores humanos para banalizarlo por una cuestión egoísta como es ver una procesión. A quienes por desgracia conocemos un hospital psiquiátrico por dentro y desde hace años reivindicamos que hay que solucionar esta cuestión nos hierve la sangre cuando vemos que se usa la salud mental como excusa para intereses fútiles. No juguéis con algo que en España está destrozando muchas vidas. No trivialicéis cosas sensibles por defender una diversión propia, por favor. No seáis tan mezquinos. Como remate, son las mismas personas que cinco minutos después se olvidan de la saluda mental y dicen aquello de "Si no quieres salir de casa, no salgas, quédate encerrado" a quienes piden paciencia y conciencia con el tema de la pandemia. No ver un paso no afecta de manera grave a la salud mental, quedarse encerrado o vivir atemorizado, sí.
Sé que lo anterior es una petición a la nada, porque quienes se alimentan sólo de egoísmo les da igual las vidas de los demás, incluso de los que tienen más cerca. Su sociedad sólo se basa en lo individual, nunca en lo colectivo, a pesar que sociedad e individualismo son antagonismos. Estamos cerquísima de volver a la normalidad sin adjetivos, ni nueva, ni vieja ni matizada: normalidad y punto. Volveremos a las discusiones de siempre, a los itinerarios, a las medidas que el CECOP adopte para Semana Santa 2022, a peleas entre cofradías por el orden o a preguntarle al nuevo arzobispo qué tal ve él eso de pasos en la catedral el Sábado de Pasión y el Viernes de Dolores. Para explicarnos todo esto usarán uno de los grandes eufemismos, lo llaman convivencias, porque decir somos unos ineptos y unos vagos que no queremos trabajar para buscar soluciones quedaba muy largo. Una convivencia es lo que es, una reunión de amigos para tomarse diez cervezas y dos raciones de frito variado. Una reunión de trabajo es lo que nunca vemos en Sevilla. Ya sabemos que en Cuaresma volveremos a escuchar tres años después aquello de "No nos dio tiempo" como eufemismo de "No nos dio la gana".
domingo, 20 de junio de 2021
La obligación de opinar de todo
La pasada semana se celebró el famoso cabildo en la Hermandad de las Siete Palabras. Finalmente l@s herman@s de la corporación de San Vicente decidieron no sustituir a la actual Virgen de la Cabeza por la dolorosa tallada por Juan Manuel Miñarro. Realmente estos meses hemos visto cosas que han rechinado mucho. A diferencia de lo que suele decirse, que haya división y confrontación de ideas es siempre bueno en cualquier ámbito de la vida. Lo perjudicial es cuando lo que hay es porfía y ausencia de ideas propias, algunos sólo van a destruir al que piensa distinto. Todos sabemos qué ha pasado y qué hemos visto en torno a todo este tema, no hace falta volver a ello ahora.
Igualmente, me genera cada vez más rechazo en qué se están convirtiendo las redes sociales cofrades, principalmente Twitter. Parece que muchos sienten la necesidad de dar su opinión de todo, con el riesgo que eso conlleva, porque es imposible saber y estar informado de todo. Es más, normalmente ese grupo de 'cuñados' no saben absolutamente de nada. Sin embargo, el altavoz de un tuit hace que se sientan en posición de la verdad y jueguen sucio. Quienes creían que era oportuno el cambio, hacen mofas del número de nazarenos que acompañan a la Virgen de la Cabeza cada Miércoles Santo. Quienes defendían mantener a la titular, mandan a las 136 personas que votaron a favor del cambio a que se vayan de la hermandad y creen una nueva entidad con la titular de Miñarro. Todo esto es vomitivo y de una bajeza moral máxima.
Como dice el cómico Ignatius Farray, muchos confunden libertad de expresión con tener que opinar de todo y a todas horas. "Libertad de expresión también significa callarte la puta boca, si a ti te da la gana", comenta normalmente el humorista canario. Esto en el mundo de las redes sociales es difícil, porque muchos viven de crear ruido a diario y con cualquier asunto, ocultando su identidad, por supuesto. Decir una cosa y la contraria, dependiendo de la época en la que un argumento o el contrario haga más ruido. Por desgracia, escondidos en las redes sociales hay demasiadas personas tóxicas con enormes complejos en su vida real. Y también hay demasiados que, cual marionetas, propagan esos eslóganes simples y vacíos.
A nadie escapa que el asunto de Siete Palabras también ha sido movido por esos medios de comunicación que se creen por encima del bien mal. Se autodenominan profesionales, cuando lo que menos tienen es profesionalidad. Esta misma semana hemos visto su reacción ante el cabildo de la hermandad del Miércoles Santo e intuimos que seguirán avivando la llama de la disputa. No contentos con ello, también esta semana, manipularon vilmente unas palabras del consejero Aguirre, relacionadas con la tan ansiada vuelta de las procesiones. No conocen la deontología periodística. Ojalá pronto suenen los llamadores de los pasos en los templos y en las calles, porque los otros llamadores están muy vistos y dan cada vez más nauseas.




